”El amor es la mayor expresión de la inteligencia”, Antonio Rus Arboledas

 Con el título “Ser mujer hoy”, el profesor de Psicología Evolutiva y de la Educación de la Universidad de Granada, Antonio Rus Arboledas dio el martes 26 de noviembre una conferencia enmarcada en las conmemoraciones del Día en contra de la violencia machista.

 

 Se inició el acto con la presentación por parte de la concejala de Igualdad, del profesor Antonio Rus Arboledas del que destacó su gran vinculación con Alhama, por los años en los que impartió clases en el Colegio Conde de Tendilla, y por su amor por nuestro Carnaval del cual es asiduo todos los Domingos de Piñata.

 En la mesa acompañaban a Antonio, además de Matilde, la presidenta de AMAL, María Corrales Chinchilla; pero tras la presentación, Antonio prefirió la cercanía con el público presente, algunas de ellas conocidas de sus años de enseñanza en Alhama, se situó justo enfrente de la primera fila de asientos a dar, lo que más que una conferencia fue una clase viva, vibrante y entusiasmada en la que pasó revisión a la historia de la supuesta inferioridad de la mujer, desde el albor de la humanidad, hasta nuestros días.

 Inició su exposición dando las gracias por la presentación y diciendo que siempre se vuelve “a los sitios en los que hemos querido y hemos sido queridos” y que por eso había vuelto a Alhama”. Ese querer y ser querido en nuestro pueblo era el que le había llevado a contactar con María Corrales, de AMAL para ofrecerse a dar esta conferencia y hablar de su libro “Arco iris de mujeres”

 Entrando de lleno en la materia comentó que la realidad de las mujeres hoy día, la conocemos todos, la mujer está presente en todos los ámbitos de la vida, citó a la escritora Doris Lessing, recientemente fallecida, “hay incluso mujeres pilotos de aviones de guerra”: pero además de la cara, también hay una cruz.

 Continuó diciendo que antes que hombres o mujeres somos seres humanos, personas y que la pretendida inferioridad de las mujeres es irreal y, sin embargo es cierto que aún hay mucha gente que la da como cierta. Ilustró esto último con la anécdota de una compañera y amiga suya que no asistía a un coro, actividad que le apetecía mucho, porque según su marido, eso era una falta de amor hacía él...

 Antonio se preguntó cuál es el origen de esa pretendida e irreal inferioridad de la mujer cuando lo que conforma a un ser humano, es decir los valores éticos, la inteligencia, el lenguaje etc. son idénticos en hombres y mujeres, como individuos de una misma especie. Continuó explicando este origen en el sistema de creencias que unas veces de manera racional y otras irracional conforman la manera de pensar de nuestra civilización; y este sistema de creencias, hace daño, dijo Antonio.

 Pero, ¿Cómo se ha intentado dar explicación a todos los misterios que plantea la existencia a largo de la historia? Básicamente mediante el mito, la filosofía, la religión y la ciencia.

 Y, ¿Qué decían los mitos, hace unos 7.000 años aproximadamente, sobre la mujer?

 Todo ha sido creado por un principio creador masculino responsable de lo que funciona bien, también hay diosas, mujeres, que son las destructoras.

 En cuanto a la filosofía griega, de la cual tanto hemos heredado en nuestra cultura occidental, su visión sobre la mujer no pudo ser más errónea, hasta tal punto de que Hesíodo considerado en su tiempo unos de los mejores expertos en agricultura recomienda al hombre comprar una burra y una mujer, mejor esclava, para que vaya detrás de la burra. Aristóteles, por su parte afirmaba que la mujer es un embrión que no ha llegado a ser hombre y por eso de manera natural es menos inteligente que el hombre.

 En cuanto a la religión cristiana en el Antiguo Testamento no faltan alusiones a la inferioridad de la mujer, Jesús, continuó diciendo el conferenciante dijo que mujeres y hombres son iguales; pero los evangelistas no tardaron en cambiar el discurso y así San Pablo fue uno de los primeros en decir que la mujer debe ser sumisa al marido, aquí recordó, evidentemente el libro publicado por el arzobispado de Granada, ”Cásate y sé sumisa”. También San Agustín dijo que “de modo natural la mujer debe ser sumisa al hombre”. Santo Tomás por su parte adecuó la filosofía aristotélica al Cristianismo y ya hemos visto lo que pensaba de la mujer Aristóteles. Naturalmente también hubo algunas voces en la Iglesia discrepantes con esta visión como las de Santa Clara o Santa Teresa de Jesús o, ya más cerca de nuestro tiempo, las del Concilio Vaticano II o la de Juan Pablo I que afirmó que “Dios es padre, pero, sobre todo, madre”.

 Tampoco la ciencia ha tenido una visión de la mujer mucho más exacta y, según Antonio Rus, gente como Freud o Einstein, que tan clarividentes fueron en otros aspectos, en este tema mantuvieron posturas erróneas por justificaciones ideológicas y no racionales. Aportó Antonio un dato que resulta sorprendente, pero muy explicativo del estado de la cuestión, científicamente hablando: Hasta el año 1980 la Organización Mundial de la salud, mantuvo la homosexualidad como una enfermedad.

 Vista la opinión del mito, la filosofía, la religión y alguna ciencia en este momento el conferenciante nos habló de la explicación que da la antropología a este sistema de creencias que presuponen la inferioridad de la mujer. Si retrocedemos aproximadamente unos 6.000 años, veremos que por aquella época la mortalidad infantil era muy elevada y, por tanto, la condición de madre, la facultad de la mujer de crear nuevos individuos para la tribu, necesarios para la supervivencia de la misma, algo de un gran valor, el valor de la creación; por tanto se llegó al acuerdo de que la mujer se consagrase a la maternidad y el cuidado de los niños y el hombre a aportar la caza y la pesca para la subsistencia y a la protección de mujeres y prole. Pero esta protección estaba supeditada a la sumisión.

 Las investigaciones de la antropóloga Margaret Mead han llegado a la conclusión de que aparte de las funciones del embarazo, parto y lactancia, hombres y mujeres son naturalmente iguales.

 Otro aspecto importante es el de la educación y aquí Antonio analizó una frase sencilla que seguramente todos los hombres hemos escuchado alguna vez: “los niños no lloran”. Sin embargo, todo el mundo, hombres y mujeres, niños y niñas, tiene emociones y es necesario expresarlas, reprimirlas es un gran error.
 
 La división de roles es una construcción social y las diferencias biológicas nos acercan a la naturaleza y, también a la espiritualidad.

 Según estos roles el hombre tiene el papel de líder protector y la mujer de líder expresiva. Pero las mujeres lo que quieren es ser libres.

 Ante esta visión de las cosas cabe preguntarse, ¿Cómo son las cosas realmente?

 ¿Cómo son las mujeres y los hombres a la vista de la psicología y de los diversos estudios y pruebas efectuadas?

 En el 87 por ciento de los test efectuados los resultados son los mismos para unos y otras. Sólo en fuerza física el hombre es superior como media, en inteligencia, no hay difidencia, en uso del lenguaje no hay diferencia, en habilidades matemáticas, no hay diferencia, en creación artística, no hay diferencia, en emociones y motivaciones, las diferencias son mínimas.

 Ante estos resultados, Antonio Rus, quiso saber cómo son las mujeres de carne y hueso, las mujeres reales, y por eso realizó un estudio en su pueblo Ibros (Jaén) en el que aborda el autor un estudio teórico sobre las cuestiones abordadas en la conferencia e incluye la reseña de 44 ibreñas que fueron significativas para la gente de su pueblo al que añadió el trabajo realizado por alumnos de colegio e instituto sobre la observación de madres y abuelas durante una semana.

 Los trabajos fructificaron en el libro “Arco iris de mujeres”, que en palabras de su autor es “Un canto a la mujer y a su riqueza, a lo que aporta en la calle y tras los visillos de la casa”, de mujeres que “no han visitado la academia pero son sabias, por amorosas” porque “el amor es la mayor expresión de la inteligencia”.

 La lectura de un soneto del autor con el que termina el libro y la firma de ejemplares del mismo a la mucha gente que lo adquirió, pusieron fin a una tarde que no dudo en calificar de instructiva y hermosa para la gente que la vivió.

 Terminamos esta reseña incompleta con palabras de Antonio, que nos parecieron hermosas y significativas y con las que casi se despidió:

 “Somos la constancia de los paisajes físicos y humanos que frecuentamos”.

 Fotos: Prudencio Gordo.