27-marzo-2017, lunes



Oficios que se pierden por imperativo, a mi entender, del mal entendido "progreso"

 Cuando muevo, en mi pueblo, había un sillero, que echaba, los culos a las sillas, con enea, (bueno los asientos eufemísticamente hablando).

 Al paso del tiempo, este oficio se ha ido perdiendo, el plástico se ha encargado de ofrecer imágenes, frías de lo que la mano de hombre podía crear.

 La industria, sin alma, ha cercenado la tradición de nuestros antepasados y ya, lejanos quedan los chozos, cestos o paneras, etc., de artesanía creativa.

 La materia prima era la enea, (también anea), se cortaba de mayo a julio antes de que espigara "el puro", y se dejaba secar hasta que el verde da paso a una tonalidad glauca o amarillenta.

 Esta hierba, crece en la orilla de ríos y aguas remansadas de arroyos, albercas etc.,

 El sillero, necesita un haz de enea y sus herramientas: cuña, azuela, cepillo, punta y puntilla, serrucho, berbiquí, martillo y tenaza.

 Y, ¡cómo no!, la voz, potente y clara; El siilleeeeero

 ¿Lo recuerdas?

Felicidades a:
Lázaro, Ruperto, Alejandro, Fileto y Macedón.
(LÁZARO, de origen bíblico, El-asar= "ayuda de Dios".
Cuando, Jesús, iba a Jerusalén, paraba en casa de Lázaro, hermano de Marta y Ma. Mgna., en Betania, que queda a sólo 10 kilómetros).

Paz y bien.