Los viajeros escritores



Intervención de la invitada de honor:  en la XII Velada de los romances, celebrada el sábado 9 de agosto de 200803/08/2008.- Ofrecemos a nuestros lectores la intervención completa que realizó Maria de la Encarnación Ximénez de Cisneros Rebollo en la Velada de los romances del pasado día 9 de agosto. María encarnación es periodista, profesora y escritora, además de emprendedora.


 Ximénes de Cisneros desempeña en la actualidad la presidencia de la Asociación Granadina de Industrias Culturales, miembro de la Junta directiva de la Confederación Granadina de Empresarios y vicepresidenta de la Asociación Granadina de Mujeres Empresarias. Es licenciada en Ciencias de la Información por la Complutense, es Master en Administración y Dirección de Empresas, destacada especialista en Comunicación, Imagen y Ceremonial y Protocolo, profesora de la Escuela de Negocios de Andalucía, del Master de Comunicación y Cultura de la Universidad de Málaga, de Gaesa y de otros centros e instituciones andaluzas, así como gerente de Comunicaciones Enra, SL y delegada para Granada de Seguired. (En la imagen reproducción de la columna que Encarna tiene en el diario IDEAL; La Mirilla)

 


XII Velada de los romances, celebrada el sábado 9 de agosto de 2008

Intervención de la invitada de honor: 
María Encarnación Ximénez de Cisneros

Muchas gracias…

 María Encarnación Ximénez de Cisneros durante su intervención Muchas gracias Andrés, no sólo por tus palabras, sino por haberme permitido con tu invitación estar de nuevo en Alhama de Granada.

Gracias a ti, y a Mari Carmen, por recibir con la hospitalidad que la que, puedo dar fe, este lugar sabe mucho.

Será tal vez por ese largo historial de anfitrión de culturas; de amplia tradición de acoger, por las buenas y por las malas, a cuantos, llegados para conquistar o conquistados por la belleza del entorno, se han quedado con parte de ella en su retina.

Llegada de viajeros a los que se dedica esta duodécima velada de los Romances que, como ya se ha dicho, cuenta con un invitado de excepción que, allá donde esté, sentirá el calor de su tierra y de su gente. Allá donde esté, Alhama está con Juan Castro.

¡Tantos visitantes pasaron por aquí! Osados aventureros. Creadores de itinerarios singulares, surgido de su pasión –y paralelos muchas veces a los obligados por la trashumancia y el mercadeo-.

Viajeros de alma, curiosos de lo desconocido, amantes de convivir con los hombres y mujeres de la tierra.

Viajeros que dejaron para siempre el recuerdo de sus impresiones y sentimientos, que nos legaron parte de nuestra historia, contada por sus ojos y su pluma, sorprendida, abrumada.

Viajeros que son los periodistas del ayer, plumillas de épocas que, siendo de nuestra historia no se pueden olvidar.

Decía el geógrafo Ibn Battuta, en los años mil trescientos:

Alhama apreció de golpe, coronando la cresta de un altivo y profundo desfiladero: “Pequeña población que dispone de una mezquita maravillosamente emplazada y muy bien construida. Existen allí unas burgas, manantial de agua caliente, orilla de su río, a una milla de distancia, más o menos, del pueblo, con aposentos separados para el baño de hombres y mujeres.

Esos baños que tanto contribuyeron a traer la atención de civilizaciones como los  neolíticos, íberos,  romanos, visigodos, musulmanes...

Baños que atrajeron a viajeros con ganas de reparar el cuerpo e iluminar la mente.

Ibn Battuta, según el autor del libro “Viajeros por Andalucía”, el granadino Jesús Ávila, fue el primer viajero documentado que pasó por Alhama de Granada y se mostró particularmente interesado por sus aguas termales y el completo balneario.

Un siglo después, exactamente en 1465, Al-Malati, viajero egipcio, nos brinda una detallada descripción del edificio en el que se bañó y que hoy sigue siendo lugar de culto del descanso.

Las crónicas de Alonso de Palacio –que cuenta la llegada del rey Fernando el Católico, en 1482, destaca el que denomina estado de vicio de la ciudad; motivo que según el secretario de los Reyes Católico, Fernando del Pulgar, había provocado la caída de Alhama.

Y con la caída, triste epílogo de un sueño, nacen los mejores romances, y queda para la historia el dolor del monarca nazarí Abu-I-Hassan Alí Ibn Sad, y queda el eterno llanto hecho frase: ¡Ay de mi Alhama!

Viajeros que en los años 1645 pasaban –Alhama tenía entonces cuatro mi ochocientos habitantes- en las diligencias que tenían parada obligatoria desde la Costa Tropical a la Vega de Granada, a través del puerto de Zafarraya.

Caminos que podríamos llamar oficiales, de los que huía otro viajero destacado, Washington Irving, que tras alquilar unas caballerías y hacerse acompañar por un mozo, afirmó rotundo “¡Este es el verdadero modo de viajar en España. Con tal disposición y determinación, ¡qué país es este para el viajero, donde la más mísera posada está tan llena de aventuras como un castillo encantado y cada comida es en sí un logro! ¡Que se quejen otros de la falta de buenos caminos y hoteles suntuosos, y de todas las complicadas comodidades de un país culto y civilizado en la mansedumbre y el lugar común, pero a mí que me den el trepar por las ásperas montañas, el andar por ahí errante y las costumbres medio salvajes, pero francas y hospitalarias, que le dan un sabor tan exquisito a la querida, vieja y romántica España!”.

Lejos quedaba aún esa España cuando llegaron por estas tierras los autores romanos de los que ya existen referencias,  al igual que de los árabes que la visitaron y elogiaron.

Fue el tangerino Ibn Battuta, a mediados del siglo XIV, como un siglo después el granadino Ibn al-Jatib, quien la resaltó como un pedazo de oro y como muy buen lugar de caza y pesca, y los egipcios Al Umari y Abd al Basit, éste entre 1465 y 1466, y quien escribió refiriéndose a Al-Hamma uno de los parajes mas amenos y bellos.

Los viajeros transmiten emoción, pero también nos van dando la idea exacta de la fisonomía: distancias, caminos, orografías… fueron pioneros, atrevidos, y a veces víctimas de su propia ilusión al ser implicados –tal vez con acierto- como espías.

El lojeño Al Jatib que tanto gustó de esta tierra dejó extensos escritos y con un interés que aún hoy se reconoce: facilitando descripciones geográficas de los territorios de Al-Andalus y de su Granada natal.

Fue uno de los grandes viajeros de la época. Era de aquí.

Pero la gran sorpresa era para quienes visitaban Al Andalus llegando desde lejos, en la que quedaban perplejos y prendados de su belleza.

Y aún más representantes del movimiento romántico como Teófilo Gautier que recorrió el país y que, según Jesús Ávila: “Quiso acercarse a Granada, siguiendo las descripciones del viajero marroquí Ibn Battuta y quedó maravillado por la espectacularidad y belleza de “Los Tajos”, de Alhama de Granada, el acantilado que abre el profundo curso del Marchán, cuando abraza a la ciudad que se alza en la cima”.

Gautier lloró cuando dejó Granada:

“Parto, adiós, bello cielo de España.
Dauro, Genil, verde campaña
Nieve rosa de la montaña
Adiós Granada de mis amores.
Riente Alhambra, Torres Bermejas,
Frescos jardines, repletas maravillas
En mis sueños y en mis vigilias
Ausentes, os veré siempre

Hay constancia de que Gautier disfrutó de los baños de la localidad, al igual que Gustave Doré, que descansaba aquí del cansancio de los viajes y que, lamentablemente, no dejó constancia pictórica –fue uno de los grandes dibujantes e ilustradores de la Europa de mediados del siglo XIX.

Tantos son los que cantaron a la tierra. Cuando el viaje era testimonio. Cuando se convivía con las gentes de lugar, sin conocer los vértigos de los recorridos organizados a golpe de horario inflexible; sin vuelos baratos, sin filas interminables para ver lo mismo; sin Erasmus, que abre la puerta a los estudiantes a conocer la realidad de otros países.

Viajar es, o debería ser, no una suma de fotos y kilómetros, sino un alivio de la curiosidad.

Dijo Goethe: “Viajar y escribir cartas. Este es el sentido del moderno humanismo que nace con los hombres románticos”.

Viajar, trasladarse en espacio y tiempo. Mirar a esta iglesia de la Encarnación, símbolo del ayer y el hoy; vivencia religiosa para los católicos.

Derribar para construir. Asolar el recuerdo infiel de las mezquitas y rendir culto ala creencia más sentida de la virginidad de la virgen. ¡Que nadie la ponga en duda si se siente cristiano! Que gotas de sangre han sido vertidas para defenderla.

Isabel y Fernando, Fernando e Isabel, los unificadores históricos aunque no fueran demasiado conscientes de ello, quisieron que esa advocación presidiera a cada ciudad, villa o pueblo conquistado. No dejar al enemigo duda alguna de la realidad.

Y en el trasfondo: calamidades. Guerras a veces fraticidas. Dramatismo, algo que tiene mucho que ver con los romances a los que estas veladas nos acercan.

Historias con principio y final, fundamento de juglares, poetas y trovadores que se envolvían por la cadencia de sus estrofas.

Composiciones regladas, con argumentos reales, leyenda o tradiciones, que nos llegan.

Crónicas de la vida misma que, casi nunca, pasan de moda.

Romances llenos de dolor.

Dolor de la ausencia, de la pérdida, del abandono, del desamor, de sentimientos difíciles de aliviar.

Romances que nunca se marchan, como no lo hacen quienes aquí estuvieron y dejaron sus huellas. Cada uno dejó su visión de esta Alhama que ha sido, es y, sobre todo, será siempre un referente de Granada.

Los periodistas contamos el día a día; los viajeros relatan su experiencia; los escritores convierten o reconvierten la realidad. La historia la hace el tiempo.

Por eso, y aun que no es poema al uso, quiero dejarles con un sentimiento que resume lo que, sin duda, es el futuro de Alhama, el que podemos hacer entre todos:

Dejad que el tiempo lo digo
Pues que mudamente sordo
Él sólo sin decir nada
Es el que lo dice todo.

Muchas gracias.